Peronismo y chavismo

Infolatam
Madrid, 6 enero 2013
Por Carlos Malamud

(Especial Infolatam).- Si el peronismo fue el movimiento político argentino que encarnó el pensamiento y la acción de Perón, antes y después de su muerte, cabe preguntarse si con el chavismo ocurrirá lo mismo en Venezuela. Para responder a este interrogante sería conveniente reflexionar en torno a algunas cuestiones de naturaleza muy diversa con el objetivo último de comparar ambas situaciones. Al mismo tiempo habría que agregar que si bien Hugo Chávez tomó el modelo inspirador de Juan Domingo Perón en muchos aspectos, el chavismo en su expansión buscó otros ejemplos más próximos a la experiencia cubana y al sistema de partido único.

Aquí precisamente encontramos una de las mayores debilidades referentes al futuro chavista. La estrecha relación entre partido y estado, como ocurrió en la Unión Soviética y otros países del este europeo, no permite pronosticar un futuro venturoso para el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Tras la caída del comunismo y de los partidos estalinistas se observó el colapso de las que hasta entonces habían sido potentes maquinarias de organización y control social. Perón nunca intentó hacer del peronismo un partido único sino un fuerte movimiento político de amplio espectro ideológico, lo que le permitió amalgamarse y organizarse durante los largos años de oposición.

En Venezuela, como en Cuba, encontramos un fuerte protagonismo de las fuerzas armadas, que se han convertido en un elemento central del régimen. Y si bien esto garantiza la gobernabilidad del país, no servirá para reforzar la identidad del chavismo o bolivarianismo como movimiento político en el largo plazo. Ni siquiera la existencia de las milicias populares podrá subsanar esta deficiencia.

La columna vertebral del peronismo estaba formada por los sindicatos y la poderosa Confederación General del Trabajo (CGT), lo que le permitió al justicialismo perdurar tras la caída de Perón. Por el contrario, los sindicatos bolivarianos tienen una menor influencia política y social en Venezuela, que no puede ser compensada por las redes de reparto de alimentos o de servicios sociales encarnadas por las misiones.

En la caída de Perón encontramos otra nota distintiva entre ambos casos. El golpe de estado que acabó con la primera experiencia gubernamental peronista sumado al exilio del líder y la posterior represión contra toda manifestación en su favor, convirtió a Perón en un mártir y al movimiento nacional justicialista en un elemento aglutinador de la identidad popular. Si Chávez abandona el poder en las próximas semanas será por su estado de salud y no como consecuencia de una involución política o de un golpe reaccionario. Tampoco se debe perder de vista que Perón siguió vivo y conduciendo políticamente a su partido durante los 17 años de su exilio, lo que también fue definitorio en la exitosa consolidación del peronismo como movimiento político.

La reacción de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), y más en el eventual caso de que ésta acceda al poder, será clave en el futuro del chavismo. Le cabe a la oposición no criminalizar a Chávez, intentando no repetir los errores de la llamada “revolución libertadora” en Argentina. La eliminación de todo cuanto podía recordar al anterior gobierno como la destrucción masiva de estatuas de Perón y Evita, la quema de libros, comenzando con La razón de mi vida de Eva Perón, el fusilamiento, la cárcel y las torturas de los opositores, marcaron a varias generaciones de argentinos que comenzaron a añorar todos los logros y las conquistas impulsadas por Perón.

Probablemente el oficialismo gane la próxima elección si ésta se convoca en los meses venideros, pero nada garantiza la supervivencia del chavismo si el gobierno no logra dar respuesta efectiva a las demandas populares. En tanto se les acumulen los problemas de gestión a los nuevos gobernantes, huérfanos de la poderosa coartada del carisma de Chávez, la aureola popular y socialista del chavismo se irá diluyendo poco a poco. De todos modos no hay nada escrito en ningún lado, ni siquiera en las Obras Completas de Simón Bolívar.

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