Compasión y política en las elecciones venezolanas

Infolatam
Madrid, 18 diciembre 2012
Por Carlos Malamud

Pese a las prohibiciones legales de hacer campaña electoral el día de los comicios, el vicepresidente en funciones presidenciales y otros destacados dirigentes del PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) estuvieron prácticamente durante toda la jornada de votación llamando a votar por Hugo Chávez. Si bien es verdad que el comandante presidente no se presentaba como candidato para ocupar un cargo de gobernador estadual, Nicolás Maduro insistía una y otra vez, a veces con lágrimas en los ojos, que votar a los candidatos oficialistas era el mejor regalo que se le podía hacer al yaciente presidente, presentado no sólo como la encarnación de la patria y de Bolívar, sino también como el gran padre de todos los venezolanos: “Es un voto de amor por un hombre que siempre lo ha dado todo por el pueblo de Venezuela, que nunca le ha fallado. Que nadie le falle a Hugo Chávez”.

Por eso, una vez conocido el resultado apuntó: “Hoy el pueblo le ha dado un regalo de amor al comandante Hugo Chávez. Hoy el pueblo no le falló a Chávez”. Se consumaba así la especial relación paterno filial, la relación directa entre el líder y las masas, de la que Maduro aspira a beneficiarse en un futuro no muy remoto, aunque nadie sabe a ciencia cierta cuándo esto podrá ser posible.

Son extraños los sentimientos que moviliza el populismo actual, que ha hecho del culto a los líderes muertos y enfermos una especie de mantra que permite seguir movilizando a los leales detrás del proyecto “revolucionario”. Esto pasó con Néstor Kirchner, cuyo súbito fallecimiento cambió radicalmente el panorama preelectoral y le permitió a su viuda, Cristina Fernández de Kirchner, una arrolladora victoria, impensable en cuanto a su magnitud antes de tan luctuoso suceso. Pero no sólo eso, de repente una ola de misticismo y religiosidad ha cruzado el continente de sur a norte y de oeste a este, de tal manera que ateos confesos como José Mújica se sienten obligados a rezar por la salud de Hugo Chávez. Si en su momento los presidentes latinoamericanos peregrinaron a La Habana para interesarse por el estado de salud de Fidel Castro, hoy es Chávez el motivo de tanta preocupación.

Con todo, un aspecto menos valorado del resultado electoral de las elecciones regionales venezolanas es la gran presencia de militares, especialmente de militares golpistas que acompañaron a Chávez en su aventura antidemocrática de 1992, entre los candidatos a gobernadores por el bolivarianismo gobernante. De las 20 gobernaciones ganadas por el oficialismo, 11 están en manos militares. Entre ellos destacan los cuatro últimos ex ministros de Defensa (los generales Ramón Carrizales, Jorge García Carneiro, Henry Rangel Silva y Carlos Mata Figueroa). De este modo los militares acumulan un mayor poder en la lucha que se abre por el control del partido y del gobierno en lo que ya comienza a ser el postchavismo. De ahí que la pregunta acerca de qué ha sido de la tradicional izquierda latinoamericana, antimilitarista y anticlerical, sea totalmente pertinente.

Sin embargo es justo reconocer que la gran victoria del oficialismo se asentó sobre la incapacidad movilizadora de la oposición y su falta de moral de victoria. La MUD (Mesa de Unidad Democrática) ha sido incapaz de asentarse, al menos de momento, como una verdadera alternativa de poder. Debido a eso vivió los resultados de octubre pasado como una gran derrota y no como el inicio de un camino que más pronto que tarde podía conducirlos a la victoria. Con una abstención de casi el 46%, los resultados de todo el país, pese al carácter regional de la elección, prácticamente repitieron los porcentajes obtenidos por unos y otros en los comicios presidenciales que enfrentaron a Capriles con Chávez . Si la oposición hubiera movilizado a una parte importante de su electorado probablemente los resultados hubieran sido algo distintos. Esto no obsta para señalar al mismo tiempo el uso intensivo de los recursos públicos por parte del gobierno en apoyo de sus candidatos.

Los resultados dejan ganadores y perdedores en ambos bandos. Pero al mismo tiempo impiden, de momento, la apertura de la batalla por la sucesión a diestra y siniestra. Pese a la debacle general de la oposición, Henrique Capriles fue capaz de mantener la gobernación de Miranda, lo cual consolida sus opciones de cara a una posible nueva elección presidencial. Y más teniendo en cuenta el triunfo de Henri Falcón, ex chavista, en el estado de Lara, que refuerza la posición de Capriles. Por el contrario, la derrota de Pablo Pérez, en Zulia, aleja a este joven político, hasta ahora de gran futuro, de la carrera por el premio mayor.

En el chavismo Nicolás Maduro ha evitado que salgan a relucir los sables en la lucha por la sucesión. De ahí que la aplastante victoria del PSUV fuera llamada desde el oficialismo la “victoria perfecta”. Pero, en tanto han ganado casi todos los potenciales candidatos a liderar el chavismo sin Chávez, los descartes serán mínimos. Uno de los pocos derrotados en toda regla es el ex vicepresidente Elías Jaua, que perdió precisamente con Capriles en la lucha por Miranda. Por el contrario, otros destacados dirigentes bolivarianos, como Adán Chávez, hermano del presidente, o Diosdado Cabello, que sigue al frente de la Asamblea Nacional, han visto reforzada sus opciones futuras.

Mientras tanto continúa la incertidumbre en Venezuela. Incertidumbre ante la evolución del estado de salud de Chávez. Precisamente el secretismo que acompaña al proceso postoperatorio, como a todas las fases previas de la enfermedad, permite que se desaten y circulen todo tipo de rumores, lo que no revierte en mayor estabilidad y gobernabilidad del país. Por eso será importante ver cómo se seguirá comportando el pueblo venezolano en relación con la enfermedad de su presidente. Seguirá pensando que votar por sus candidatos es cuidarlo y retribuirle por todo lo que hizo por ellos. O, por el contrario, ante una eventual elección presidencial se inclinarán por aquel que tenga un mejor proyecto de gobierno.

Esta incertidumbre se vincula con otra mayor y es la posibilidad de un chavismo sin Chávez, siguiendo la estela de lo que significa el peronismo en Argentina. Sin embargo, Perón se murió tras largas décadas en la oposición, donde se pudo forjar el mito de su labor de gobierno y de la persecución del antiperonismo contra los sectores populares. De momento éste no es el caso. Sería lamentable para la reconciliación de los venezolanos que lo fuera en algún momento gracias a los desaciertos de unos y otros.

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