Gestionando el éxito en América Latina

[Texto de Juan Ruiz para o El País] América Latina se presenta actualmente como una gran oportunidad de inversión, una región que se ha mostrado tremendamente resistente durante esta crisis y que tiene un enorme potencial de crecimiento a medio y largo plazo. En efecto, ha crecido desde 2007 a un ritmo cuatro veces superior al de los países desarrollados y, hacia delante, cuando se supere la crisis actual, seguirá creciendo por lo menos al doble del ritmo de las economías industrializadas.

Esto hace que América Latina sea hoy una región muy atractiva para los inversores internacionales, especialmente si a este favorable diferencial de crecimiento se añaden políticas monetarias muy expansivas en los países desarrollados, que empujan a la mayor liquidez global a buscar rentabilidad en destinos alternativos como las economías emergentes.

De este modo, América Latina está afrontando la tarea de acomodar un alto crecimiento con una fuerte entrada de flujos que, además, se dirigen más a la región que a otros países emergentes por la mayor facilidad de entrada y salida de capitales y flexibilidad de sus tipos de cambio.

En parte, de lo que se trata es de gestionar el éxito. De cómo encontrar fórmulas para evitar los efectos negativos de una excesiva apreciación de los tipos de cambio y vigilar posibles excesos internos derivados de la entrada de capitales de corto plazo.

Ante este reto hay dos posibles respuestas: resistir la entrada de los flujos financieros o, como en el yudo, aprovechar su energía y canalizarla en beneficio propio.

Mucho se ha hablado de las políticas macroprudenciales para moderar la entrada de capitales de corto plazo. Y se puede entender que se quieran frenar. Pero hay que tener cuidado de que no se frene el desarrollo del sector bancario en la región, tan necesitada de profundizar la penetración del sector financiero. Por supuesto, con una adecuada regulación y supervisión, como la región ha sabido implementar.

La otra visión —complementaria— es aprovechar la expansión monetaria global como una oportunidad para la región. En primer lugar, apuntalando la inversión directa en sectores clave para el crecimiento como, por ejemplo, las infraestructuras. Y en segundo lugar, aprovechando la menor resistencia que ofrecen los “buenos tiempos” para profundizar el proceso de reformas, que permitan que la expansión de la productividad haga sostenible el dinamismo de la demanda interna.

En suma, América Latina deberá decidir cómo maneja una nueva situación en la que la región se percibe cada vez más como una de alto crecimiento y de bajo riesgo.

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