La realidad es la única verdad: Aristóteles, el Presidente Perón, y la Presidente Kirchner

Washington, 9 octubre 2012
Por Claudio Loser

El General Perón en sus discursos mencionaba reiteradamente que “la realidad es la única verdad” No era original, pero era una brillante frase que Perón tomó legítimamente prestada de Aristóteles. Este seguramente la utilizaba en un contexto más esotérico, pero igualmente válido y relevante en los últimos tres cuartos de siglo. El desempeño de la Presidente Argentina Cristina Fernandez de Kirchner en ocasión de su reciente visita a las Naciones Unidas y a distintas Universidades de los Estados Unidos debe ser analizado en esos términos.

La visita ha tenido suficiente difusión, y los hechos han sido explicados brillantemente, y quizás olvidados frente a la victoria de Chávez en Venezuela. Pero lo que es más importante es que el discurso presidencial en los distintos entornos no reflejó la verdad del país, y la realidad que encontró no es la que la Sra. Fernandez esperaba. La visita iba a ser un gran tour diplomático, donde ella deslumbraría a políticos, y académicos. De hecho, no se reunió con otros jefes de Estado, su discurso no fue constructivo, más allá de lo descrito por medios allegados, y se encontró con un ambiente hostil en las universidades de Georgetown y Harvard. Algunos dirían que su gira se transformó en el cuento de Hans Christian Andersen, “El nuevo traje del emperador,” donde un niño indica que el emperador no lleva ropa alguna.

Cuando la Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional Christine Lagarde, utilizando un paralelo con el futbol, explicó la posibilidad clara de que se censuraría a Argentina si no produce datos verídicos de crecimiento e inflación, la presidente consideró que era una falta de respeto. Habló de la peor crisis económica mundial, cuando la censura se refiere la veracidad de los datos. Por supuesto que en discursos posteriores hizo referencias enojosas, como la presencia de una timba (juego de azar) cambiaria, al referirse a su acciones en contra de la libertad económica con normas claras. Además, afirmó que la inflación en Argentina no pasaba del 2 porciento, y que en EEUU y otros lugares se mentía, todo ello refutado por estudios de expertos internos y externos. Quizás tendría que haber recordado en ese momento otras palabras de Aristóteles: “El sabio no dice todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice”.

No habló del crecimiento, que fue alto aunque mayormente por razones ajenas a su gestión- China, Brasil y el precio de las exportaciones. No habló de las restricciones cambiarias y comerciales que están deteniendo a las exportaciones no tradicionales, desde el vino y la fruta, a los automóviles y el turismo, pero que no impiden la salida de capitales por parte de los inversores. No dijo que los diferenciales de tasa de interés en los mercados internacionales son los mas altos entre los países importantes de America Latina, y que no ha solucionado sus disputas con muchos de sus acreedores, ya sea bonistas, acreedores favorecidos por resultados arbitrales y judiciales, y los países del Club de Paris, mayormente colegas en el G-20.

Tampoco mencionó que Argentina, perdió el tercer lugar de acuerdo a su PIB en la región frente a Colombia, y que ocupa el sexto lugar en inversión extranjera, aun cuando han sido descubiertas inmensas reservas de gas y petróleo no convencional, sin poder atraer interés debido a políticas volátiles y arbitrarias. No habló de la falta de seguridad personal, ni del deterioro relativo en educación (salvo en su comparación entre Harvard y la más humilde Universidad de La Matanza) o de la perdida de competitividad. Pero sí habló de los problemas del mundo y como Argentina seguía su exitoso modelo propio. Nuevamente uno puede recordar a Perón y Aristóteles, y de paso a Dilma Rouseff, presidente de Brasil, claramente progresista en la definición Kirchnerista, pero pragmática y seria en su gestión, y muy bien recibida en Harvard, aun con una visión critica acerca de los EEUU.

Argentina enfrenta a importantes desafíos económicos, muchos de ellos causados por este gobierno. No puede determinarse aun si la gira por la principal economía del mundo fue o no un desastre, pero ello quedará claro en la reunión anual del FMI y el Banco Mundial con los representantes de prácticamente todos los países del mundo reunidos en Japón. Los resultados mostrarán la realidad, y seguramente en los próximos meses una censura del FMI no será la mayor de las penalidades. Por cierto Europa seguirá sufriendo de grandes incertidumbres e insuficientes definiciones de política. Pero ello no le otorga a la Argentina una posición favorable, y seguramente presagia una realidad dura y de escasa prosperidad, a menos que cambie el rumbo de la política y el Gobierno deje de vivir de medias verdades.

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