La inversión extranjera y las múltiples Américas Latinas

[Texto de opinião de Carlos Malamud, retirado de Infotalam]

Un reciente informe de la CEPAL señala que en 2011 América Latina atrajo el 10% de la inversión extranjera directa (IED) mundial. Según este estudio, la región logró su máximo histórico, con más de 153 mil millones de dólares, tras los 137 mil millones de 2008. Es, sin lugar a dudas, una excelente noticia aunque hay otras regiones que siguen siendo más atractivas para los inversionistas internacionales. Sin embargo, tras esta cifra global se esconden diversas asimetrías que nuevamente confirman que estamos frente a una región fragmentada, y no sólo desde una perspectiva política.

Los cinco países más beneficiados por la IED (Brasil, México, Chile, Colombia y Perú) concentran el 81% del total. Por su parte, los países sudamericanos del ALBA (Bolivia, Ecuador y Venezuela) más Nicaragua (Cuba no aparece en las estadísticas) sólo representan el 4,3%, que asciende al 9% si añadimos los 7.243 millones de Argentina, el sexto receptor. El 10% restante se divide entre las demás naciones de América del Sur, América Central y el Caribe. En términos relativos Venezuela es el país que más incrementó la IED entre 2010 y 2011, un 339%, seguido de El Salvador (231%), Ecuador (107%), Colombia (92%) y Nicaragua (91%).

Junto a las diferencias nacionales y regionales, hay otro dato importante a tener en cuenta: la distribución por ramas productivas. En 2011, el 57% de la IED de América del Sur (sin Brasil), donde el riesgo de la “reprimarización” de las exportaciones es mayor, se concentró en agricultura y actividades extractivas (minería y energía), frente a un 36% en servicios y sólo un 7% en manufacturas. En Brasil, que sumó el 43,8% de las inversiones en América Latina, manufacturas y servicios recibieron el 46,4% y el 44,3%, respectivamente, y las actividades primarias un 9,2%. La situación es diferente en México, América Central y el Caribe, con un 52,5% en servicios, un 39,7% en manufacturas y sólo un 7,8% en recursos naturales.

La Unión Europea sigue siendo el mayor inversionista en la región. En la última década el 40% de las inversiones partieron de algún integrante de la Unión. Por países, en 2011 los más importantes fueron EEUU (18%), España (14%) y Japón (8%). China supuso el 5,2% y las inversiones latinoamericanas dentro del propio continente alcanzaron un nada desdeñable 9%, aunque en 2011 se detectó un cierto retraimiento en la actividad de las multilatinas.

Estas cifras no contemplan, obviamente, las consecuencias de la expropiación de YPF por Argentina y la nacionalización de TDE por Bolivia. A esto hay que agregar las especulaciones crecientes en torno a posibles nuevas expropiaciones del gobierno de Cristina Fernández en empresas de distribución de gas o electricidad o, inclusive, mineras. En cierta medida, la disparidad en las cifras de IED en América Latina se vincula con las oportunidades económicas y también con la seguridad jurídica, la estabilidad política y la previsibilidad en las decisiones de los distintos actores. En un continente crecientemente fragmentado es cada vez más difícil hacer predicciones de conjunto, pero sí es evidente que hay claros ganadores y perdedores en el complejo juego de atraer la inversión extranjera.

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